Intérpretes en zonas de conflicto: ¿Cuál es el debate de fondo?

No nos engañemos. Este debate no llega a la Asociación meramente como una cuestión de solidaridad. Lo que se plantea, y tendremos la oportunidad de empezar a dirimir, es una cuestión de fondo: ¿Somos una asociación que defiende los intereses de sus miembros?, o ¿una asociación que pretende representar a la profesión? La diferencia no es trivial.

No vale decir, por ejemplo, que los 216 intérpretes muertos sólo en Afganistán y en apenas un año, el 2006, no son en realidad miembros de la Asociación ni profesionales sino, tal vez, taxistas o pequeños oportunistas con algún conocimiento de lenguas. Yo creo que las personas que llegan a esas tareas lo hacen para satisfacer una demanda creciente en sociedades enzarzadas en profundos conflictos. En las naciones pobres y en desarrollo existen necesidades que deben de ser colmadas con los magros medios de que se dispone. Los intérpretes, en esas circunstancias, son improvisados, del mismo modo que el dolor de muelas acaba en el sillón del barbero para que éste las extraiga, también en las peores condiciones materiales.

Sin embargo, la mayoría, o la casi totalidad de esos intérpretes, no es contratada por las autoridades locales, sino por grandes intereses y empresas occidentales que persiguen sus propias agendas políticas, económicas e incluso humanitarias. Me refiero a ejércitos como el de los EE UU, a la OTAN, a las fuerzas de interposición de las Naciones Unidas, la UE, a ministerios de Relaciones Exteriores, a representantes de la prensa y a ONG humanitarias y de desarrollo, como Médicos del Mundo, por no mencionar a grandes empresas que se mueven en esas aguas turbulentas para afianzar su situación de cara a un eventual futuro mejor.

Un Nuevo Contrato Social

A esas instituciones no se les ocurre contratar profesionales ya que es más barato un trapicheo con los locales que asumir la responsabilidad financiera de pagar un honorario en condiciones correctas, de ofrecer primas de riesgo,  además de seguros de vida, invalidez, enfermedad, etc. Este es uno de los costes de los conflictos y de la guerra que nadie ha cuantificado, porque no se paga con dinero, se paga con la vida y el sacrificio de los intérpretes locales (su vida, aparentemente, vale muy poco), o con las vidas de sus familiares, en los que también se ceban. No podemos olvidar que una vez que las fuerzas ocupantes o humanitarias se marchan, los intérpretes quedan expuestos y sin protección, ya que por su actuación son señalados por otros grupos o intereses locales como traidores a su causa o colaboradores de quienes los contratan o de sus adversarios.

No es de recibo que en nuestra sociedad existan organisaciones, incluso algunas de otro modo honorables, que se permitan contratar personal en condiciones de empleo y seguridad, y hasta de honradez moral, muy por debajo de lo aceptable en nuestros países. Se impone realizar un esfuerzo de concientización, e incluso y de ser necesario, de denuncia pública de las instituciones que antes mencionaba: ministerios, ejércitos, ONG, organisaciones humanitarias, etc. sobre la inadmisibilidad de la situación y la urgencia de establecer  -como consecuencia de esos contactos y de una eventual negociación - términos para lo que doy en llamar un Nuevo Contrato Social (a pesar de sus ecos rousseaunianos lo es más bien en el sentido de Locke, ya que se trataría de un nuevo contrato entre nosotros, la sociedad y los gobiernos).  Es imprescindible hacer que aflore esta parte inconfesable y nunca reconocida de los conflictos, ni siquiera por nosotros mismos ni por nuestra Asociación, ponerla en conocimiento de las instituciones y denunciarla públicamente para poner fin a una situación intolerable. Nos engañamos si pensamos quedar a salvo de su onda expansiva, refugiados en nuestras cabinas y optando simplemente por mirar hacia otro lado.

Una de las propuestas que he formulado en el Grupo de Reflexión sobre Intérpretes en Zonas de Conflictos es la de realizar un esfuerzo sistemático  por inventariar y organisar los elementos que deberían figurar en ese Nuevo Contrato Social. Este aspecto de la situación contiene, en mi opinión, elementos de interés  para el sector privado en el que las aportaciones de los intérpretes que trabajan en ese sector resultarían muy apreciadas.

Las organisaciones sindicales internacionales, con una larga experiencia de lucha contra los peores efectos de la globalización y de negociación de acuerdos marco internacionales con empresas transnacionales, sin duda tienen una contribución que hacer en este sentido.

El contexto político

El recurso a utilizar personas con carencias económicas, mal informadas e insuficientemente cubiertas contra los riesgos a que los expone su misión (muchas veces de secuestro y muerte) se parece, en más de un sentido, al uso de escudos humanos en tiempos de guerra, muy bien tipificados y  prohibidos de forma estricta por las Convenciones de Ginebra.

Esto último toca la dimensión política del problema. Para encontrar una respuesta global que conceda una definición y estatuto a nuestro desempeño en la sociedad, y en especial a nuestras actuaciones en las zonas o situaciones conflictivas, me parece necesario emprender una acción política.

Ello significa que la sociedad, junto con nosotros, debería: 1) definir los términos de nuestra actuación y del marco en la que ésta se produce; 2) reconocer la independencia y profesionalidad de las acciones de los intérpretes y 3) respetar y proteger su integridad física durante el ejercicio de su actividad e incluso una vez que ésta haya cesado (si como consecuencia de su intervención, el intérprete o su familia se vieran cuestionados o amenazados en su seguridad o en su integridad física, social o material).

Otra propuesta que he formulado en el Grupo de Reflexión es la de realizar, desde la Asociación, una campaña de largo aliento que cuente con los medios necesarios para obtener una declaración de protección del estatuto, la independencia y la integridad de los intérpretes en el ejercicio de sus funciones. Ello podría hacerse inspirándonos en los modelos con los que se protegen las intervenciones del personal médico, de los medios informativos, de la Cruz Roja, etc. El instrumento a ese efecto sería una Declaración de la Asamblea General de las Naciones Unidas o de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa o de ambas. Se trata, en mi opinión, de un objetivo político alcanzable. La coyuntura internacional es favorable para hacer pública esta campaña y encontrar los apoyos necesarios.

El lugar de la Asociación

Representar a la profesión significa también ser conscientes del lugar que ocupamos en la sociedad y de la responsabilidad que en ella asumimos. Nuestra Asociación dio un gran salto adelante en un momento de grandes mutaciones geopolíticas (final de la Segunda Guerra Mundial, Juicios de Nüremberg, creación del sistema de las Naciones Unidas, etc.) y desde entonces la evolución de nuestra profesión como tal y el establecimiento de sus estructuras y modos de funcionamiento han tenido un papel histórico en aquellas transformaciones, no suficientemente reconocido. Nuestra visión de la Asociación, de sus estructuras y objetivos, sin embargo, se ha mantenido, tal vez demasiado fiel a sí misma, mientras que el mundo a nuestro alrededor no ha dejado de cambiar. Por brillante que sea su historia, la misión de la Asociación, es decir, nuestra responsabilidad, no puede limitarse a la gestión del pasado.

El mundo de la empresa ocupa, hoy, espacios de poder económico, político e incluso social, impensables hace apenas pocos decenios. Muchos de ellos arrancados a los organismos internacionales a los que se les reserva, a veces, un papel decorativo o legitimador. La privatisación de los servicios públicos se inscribe en el mismo telón de fondo.

El deterioro de la autoridad y vigencia del sistema político internacional encuentra su contrapartida en la proliferación de focos de conflictos regionales e internacionales y de guerras asimétricas y no convencionales (mutilaciones, torturas, violaciones, etc.). La actividad y los presupuestos dedicados a intervenir, sofocar o mediar en núcleos de conflicto son portentosos y constituyen espacios donde nuestra profesión es necesaria y está cada vez más presente: allí trabajan intérpretes, sólo la Asociación está ausente.

La mejora de las condiciones de vida en nuestras propias sociedades hace que grupos hasta ahora marginados, como las minorías étnicas, religiosas y lingüísticas, los delincuentes y los minusválidos, incluyendo aquellos con minusvalías auditivas, así como situaciones de conflictos comunitarios o el acceso a la justicia por minorías e inmigrantes hayan abierto un inmenso caudal de necesidades en interpretación y mediación que han sido cubiertos a la brava, improvisando. Allí también hay intérpretes. Y una vez más, nuestra Asociación ha estado y continúa estando ausente. Está claro que me refiero a nuestros colegas en los tribunales, en las comunidades, en el lenguaje de signos y desde luego, en los conflictos bélicos.

El debate de fondo

Que nadie se sorprenda, entonces, de que los jóvenes que salen de las escuelas de interpretación no acudan a nuestras filas. En mi opinión, no se trata de un problema de relaciones públicas ni de comunicación. Cabe, en cambio, la reflexión de que una Asociación que se aleja de la sociedad se deslegitimiza para representarla. ¿Qué bandera enarbolar para entusiasmar a los jóvenes intérpretes si no estamos en la sociedad en la que se forman ni ofrecemos valores o causas con los que se puedan identificar? En un mundo que crece a veces en forma desmesurada y desarticulada, nosotros nos mantenemos prácticamente iguales a nosotros mismos, en cifras, es decir, en número de miembros y en pensamiento. En otras palabras, somos cada vez más pequeños, en tamaño relativo y en amplitud de miras. El camino que llevamos no puede sino conducirnos al eclipse, a la irrelevancia y ¿por qué no decirlo?, a la desaparición, a todos los efectos prácticos, de la sociedad. Ello no es de interés para una Asociación, aun cuando ésta se dedicara exclusivamente a defender los intereses de sus miembros. Mal negocio gestionar la memoria: está condenada a borrarse.

Tal vez ha llegado el momento de levantar otro estandarte. Tenemos varios que valen la pena. Hoy por hoy, el de los intérpretes en las zonas de conflicto nos golpea a la cara por su actualidad y su fuerza, también porque se nos presenta como una oportunidad política de dar un salto cualitativo. Por una vez, abramos los ojos.

Revilla de Santullán
22 de julio de 2008


Recommended citation format:
Eduardo KAHANE. "Intérpretes en zonas de conflicto: ¿Cuál es el debate de fondo?". aiic.co.uk September 5, 2008. Accessed October 23, 2019. <http://aiic.co.uk/p/3037>.